Pescaíto & chips

Londres visto por una española a la que le encantaría ser inglesa, pero luego no le sale porque nació en el Mediterráneo

Archivar para el mes “noviembre, 2012”

East o West?

Siempre me gustó más el oeste de Londres. Me chifla el encanto boho-chic de Notting Hill, y cuando vivía allí me recordaba mucho a Chueca, mi barrio de Madrid. Y adoro el aire señorial de South Kensington, donde me instalé la primera vez que pasé una temporada en Londres. Y qué decir de Chiswick, para mí el barrio más bonito de todos y en el que también he vivido.  Se me cae la baba admirando las casas de la zona y paseando a la vera del río, entre pubs del siglo XIX y parques frondosos y dulcemente solitarios.

En fin, que yo era una West End Girl de corazón. El este me parecía feo, caótico y cutre. Pero con el tiempo también descubrí sus encantos. No soy la mayor fan de Shoreditch, que me parece un Malasaña en versión sofisticada, pero me perdería durante días en las zonas que están un poco más arriba. Dalston, con su exquisito mercado callejero que te transporta a algún lugar indefinido de África o Jamaica, sus cafés destartalados y las calles oliendo a marihuana. O el delicioso Stock Newington, con sus bistrós y sus tiendecitas un poco pijos, pero siempre encantadores. O el paseo desde Angel hasta Victoria Park bordeando el canal, entre barquitos y estudios de artistas.

Después de sumergirme en el colorido, el caos, la diversidad y el dinamismo del este, me parece que el oeste es rancio, soso y falto de vida. Pero al final, ¿para qué comparar? Lo más excitante de Londres es que en apenas una hora de diferencia puedes desayunar frutas caribeñas entre abuelas de piel tostada vestidas con telas multicolores y después tomar el té con sus correspondientes scones y sándwiches de pepino en Fortnum & Mason.

¿Este u oeste? ¡Los dos! Y sur, y norte…

 

Baños made in UK

Imagen

Los baños de las casas inglesas son una de esas cosas que te hacen recordar que el Reino Unido forma parte de Europa, pero ah, siempre a su manera.

Todo aquel que ha viajado alguna vez a Londres se ha topado con algún baño de suelo enmoquetado y bañera sin mango de ducha. Podríamos llamarlos cuartos de baño vintage. Y aunque su existencia es conocida incluso por quienes nunca han pisado las islas británicas, una se queda como con cara de tonta la primera vez que se encuentra con semejante interiorismo. “¿Y me tengo que bañar cada mañana o directamente no me ducho?”, piensas, mientras se te va poniendo cara de asco solo de pensar en las generaciones de ácaros y mohos que deben de haber habitado en esa moqueta -generalmente de color gris o quizás ex-azulado- en la que no piensas posar tus pies desnudos, ya sea antes o después de lavarte como una contorsionista.

Otras incomodidades incluyen el hecho de que está prohibido tener enchufes dentro del baño, así que uno se tiene que depilar, afeitar o secar el pelo fuera. Por si fuera poco engorro lo del enchufe de tres puntas. Después están los grifos dobles: con uno te hielas y con el otro te abrasas.

La cisterna del váter también es distinta de las españolas. Consiste en una palanquita que no siempre logra arrastrar con ella todo lo que debería. Una característica bastante fastidiosa que también he visto en váteres de Estados Unidos, lo cual me hace deducir que quizás los anglosajones son muy delicados y frugales al hacer sus necesidades y no necesitan excesiva potencia de arrastre.

Pero lo peor de todo es cuando el baño que corresponde a tu apartamento -por llamar de alguna manera a ese cuarto de 3×3 donde duermes, estudias, cocinas y con suerte te sientas- está fuera. Puede estar en el pasillo, pero puede estar en el piso de arriba. Se me hielan las carnes solo de acordarme de alguno que otro… y no hablo de esos suburbios desangelados de la zona 6, sino del relativamente pijo barrio de Queensway. Esto también pasa, por cierto, en los hoteles baratos. Si la venta de orinales no es un business próspero en Inglaterra, alguien debería captar la oportunidad de negocio.

En definitiva, que entre el frío, la ausencia de ducha, los contrastes de temperatura y la lejanía, las ganas de ducharse a diario se diluyen, al más puro estilo inglés.

Lo bueno es que, a pesar de todo, a los ingleses les gusta tener unas bañeras maravillosas y gigantes y llenar sus baños de frondosas plantas, toallas mulliditas y hasta cuadros en las paredes. Y por supuesto los abarrotan de sales de baño, geles olorosos, exfoliantes, suavizantes, acondicionadores, mascarillas y demás potingues deliciosos -mis favoritos, los del M&S- con los que deleitarse durante su baño semanal. Esa costumbre tan inglesa que, por placer o necesidad, la visitante acaba felizmente adoptando.

Aquí, el baño de mi casa de Islington. Por suerte tenía parqué y una hermosísima ducha, estaba en la misma planta que mi habitación, había sales del Himalaya y hasta una ventana con vistas al parque. Apetitoso, Don´t you think so?

Navegador de artículos

A %d blogueros les gusta esto: